Hay apoyos que son mucho más que un aparato médico; son tranquilidad para una familia, independencia para una persona y la posibilidad de recuperar actividades que con el tiempo se habían vuelto cada vez más difíciles.
Eso lo sabe bien María Martha Muñoz Hernández. Hace años, su hijo era un joven lleno de energía; sin embargo, a los 15 años recibió un diagnóstico que cambiaría su vida para siempre: distrofia muscular hereditaria. Con el paso del tiempo, caminar se volvió cada vez más complicado hasta que la silla de ruedas se convirtió en una necesidad indispensable para desplazarse.
No obstante, conseguir un aparato de ese tipo representaba un gasto importante para muchas familias; gracias al Instituto de Beneficencia Pública del Estado de Aguascalientes (IBPEA), María Martha recibió una silla de ruedas sin costo alguno.
“Nos ahorramos un dinero que no teníamos. Esta silla será de mucha utilidad, porque él la necesita para moverse. No sabría cómo agradecer este apoyo”, expresó emocionada.
La historia de María Martha no es la única. Leticia de la Cruz, de 60 años, también encontró en el IBPEA una oportunidad para recuperar parte de su independencia. Después de sufrir un infarto cerebral, caminar largas distancias se volvió una tarea complicada. Durante mucho tiempo desconoció que existía un programa que podía ayudarla.
Fue una vecina quien le habló de la Beneficencia Pública. “Cuando salgo al centro o al parque ya no puedo caminar mucho. Esta silla me va a servir bastante y lo mejor es que fue gratis”, cuenta.
Para ella, lo más valioso es que el trámite fue sencillo. “La gente que necesite apoyo debe acercarse. Es rápido y accesible, deben tener una constancia médica y los documentos que se solicitan”.
Yolanda Flores Galván observa la silla de ruedas que acaba de recibir para su padre, Francisco Flores, de 87 años. Aunque él permanece consciente, ya no puede caminar ni moverse por sí mismo. Cada traslado implica cargarlo y realizar grandes esfuerzos físicos.
